martes, 28 de agosto de 2018

El último tango en Tejas


Foto edit: @Hoopsreturnpic
Por definición, el Arte es un concepto que engloba todas las creaciones realizadas por el ser humano para expresar una visión sensible acerca del mundo, ya sea real o imaginario. Mediante recursos plásticos, lingüísticos o sonoros, el arte permite expresar ideas, emociones, percepciones y sensaciones. Con el Renacimiento italiano, a fines del siglo XV, comienza a distinguirse entre la artesanía y las bellas artes.

 El artesano es aquel que se dedica a producir obras múltiples, mientras que el artista es creador de obras únicas.   



“Manu Ginóbili es un gran jugador” (Michael Jordan)             
                       
Si nos ceñimos a esta última interpretación, nos vemos en la tesitura de no poder catalogar a Don Emanuel David Ginobili ‍ni como artesano ni como artista, pues durante su legado nos regaló multitud de obras, siendo la mayoría de ellas de carácter único. Podríamos considerarlo, como una fusión salvaje de ambos conceptos, jamás antes conocida por nadie. Dos arquetipos diferentes de expresión artística, que se complementaron para fundirse en una luz que alumbró un nuevo renacimiento. Algo así como si  Becker, Neruda o Benedetti hubieran escrito la letra de los tangos que cantaba el maestro Gardel.

Y es que, si el renacimiento italiano fue una de las etapas más importantes de la Historia del Arte, por los magníficos artistas que en ella trabajaron, los 16 años de legado del genio de Bahía Blanca, han constituido una etapa maravillosa en la que pudimos disfrutar de la excelencia hecha jugador de baloncesto.

Foto edit: @Hoopsreturnpic

 

“Manu Ginóbili es un atleta maravilloso. Entiende el juego en un nivel muy profundo. Ve cosas que otros jugadores no ven”  (Steve Kerr)


Allá por el milenio pasado, y casi de casualidad, aterrizaba en una institución sobria, circunspecta, prudente y reservada, gobernada por un cascarrabias de avanzada edad que parecía más un sargento que un entrenador. Los comienzos no fueron fáciles, pues en un entorno marcado por la férrea disciplina táctica, las “salidas de guión” de Manu, eran rechazadas duramente por Gregg Popovich, que parecía no darse cuenta de que el torrente incontrolable de talento baloncestístico que corría por las venas de aquel “potro salvaje”, era un tallo de creatividad y espontaneidad que pretendía florecer atravesando el duro asfalto de su pizarra. Aquel equipo ganador pero “difícil de ver” estaba a punto de comenzar su metamorfosis, gracias en gran parte a nuestro protagonista.

“Pop nunca tuvo un molde para vos” (Tim Duncan)


A medida que Pops iba conociendo más intrínsecamente a Manu, se daba cuenta del diamante en bruto que poseía. Un jugador con un físico formidable y una mente privilegiada para entender el juego, que para colmo.,gozaba de una ausencia total de aquel ego exacerbado que tanto estaba contaminado a los jóvenes de la liga. Sencillamente, era el compañero ideal para Tim Duncan y uno de los pilares fundamentales de aquella necesaria renovación táctica. El coraje y la determinación con las que Manu afrontaba cada lance del juego ,pronto le convirtieron en un referente de conducta . Otro mas dentro de un equipo con un marcado carácter familiar.

“Aprendí que no debía discutir con él por un tiro que había tomado, una jugada defensiva que intentó por un robo o por lo que fuera. Hace esas cosas con el fin de ganar el partido. Me enseñó a admirar un poco más las cosas y no controlarlo todo” (Gregg Popovich)


El tiempo pasó y tuvo a bien juntar a Ginóbili con Duncan y Parker para permitirles escribir con letras de oro la historia del mejor trio que ha pisado jamás un parqué de la NBA. Los comienzos de Manu ejerciendo de “Verso Libre” dieron paso con los años a una explosión controlada, mezcla de talento y saber hacer, que convirtieron a Manu en un auténtico especialista. Los partidos tienen diferentes momentos muy diferenciados en cuanto a inercias, pero él, fue siempre capaz de salir desde el banquillo para ponerlo todo patas arriba una y otra vez durante años y años. A su excepcional capacidad para interpretar el juego y ser capaz de transmitirlo a sus compañeros, había que sumarle la inquebrantable voluntad de defender hasta caer exhausto. Duncan fue el mejor 4 de la historia y Parker era un director de orquesta magistral, pero Manu Ginóbili fue el eterno as en la manga de Popovich. Era capaz de convertirse en el alma del equipo en el momento más necesario, transmitiendo a sus compañeros esa garra innata y esa sed de victorias alimentada por la competitividad que nutría su energía vital. Esa energía tan especial que solo puede albergar una bestia parda zurda. 

“Manu Ginóbili es el mejor zurdo de la historia de la NBA” (James Harden)


Foto edit: @Hoopsreturnpic

“Cuando ves a Manu Ginóbili no ves a un sexto hombre. Lo ves como un sexto jugador titular. Mucha gente amaría ser Manu Ginóbili”  (Kevin Durant)


Manu no entendía de malos partidos ni de bajones morales, y siempre acudió a la batalla como y cuando se le ordenó a hacer lo que debía hacer, desestabilizar al contrario con su magia. Poca gente a lo largo de estos años ha sabido transmitir un dominio del juego como lo hacía el, y suya es también parte de la culpa de que los Spurs alcanzaran el olimpo de la perfección táctica allá por el 2014, en lo que fue llamado “The Beautiful Game”. Además, también ha sido estandarte de una generación dorada de la selección argentina que  consiguió  comenzar a cambiar el rumbo de la historia.

“Ginóbili es uno de esos deportistas que te hacen sentir orgullo de ser argentino, español o de donde seas” (Pau Gasol)


Los que me conocéis, sabéis que no suele ser mi intención repasar en números ni en logros las carreras, y con Manu no podía ser diferente, pues de haberlo hecho, únicamente demostraría no haber entendido nada de su pasión por el juego. Manu podía haber sido una estrella en otro equipo, pero escogió formar parte de una de las idiosincrasias más longevas del actual universo NBA, los Spurs. Como Spur jugó, dándole cada día un poco más de sentido a aquella frase de Duncan que rezaba “juega por lo que llevas en el pecho y no por lo que llevas en la espalda”, pero también como Spur nos dejó, sin hacer ruido, sin despedidas faraónicas, sin grandes homenajes, sin avisar, porque así se van los grandes como él.

“Manu es digno del Salón de la Fama. Es el competidor más feroz que me ha tocado enfrentar en mi carrera internacional. Nunca hubo nadie como él. No juega en una posición en particular, está en todos lados, con el corazón y el compromiso” (Mike Krzyzewski)


Se nos fue y nos dejó sin su magia, sin sus pases imposibles, sin sus maravillosas entradas a canasta, sin sus acrobáticos tiros, sin su carácter amable y bromista, sin sus obras de arte…

Se nos fue el artista artesano igual que se van en el tiempo los poemas y las canciones.


Foto: Lanueva.com 

Se nos fue sin avisarnos de que aquella última imagen suya era la del último tango en Tejas, aunque probablemente ya lo supiera.

Se nos fue Manu, pero nos dejó el corazón lleno de recuerdos imborrables.

Se nos fue, pero lo único que puedo decir, aun a sabiendas de que jamás leerás esto, es:

¡GRACIAS MAESTRO!



Porque como decía otro maestro:  

¿Qué es poesía? , dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.

¿Que es poesía ? ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía … eres tú .


(G.A. Becker)



Vídeo: The Book of Basketball

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