miércoles, 20 de noviembre de 2019

Hablando en plata: ¿Alguien ha dicho reconstrucción?



Pocas cosas me duelen tanto en el ejercicio del noble arte de torcer teclas como tener que hablar mal del equipo de mis amores, y vive dios que jamás lo haría si no tuviese motivos. Hoy, pretendo quitarme el uniforme de “fan spursiano”  y vestirme con el traje de la objetividad más pura para intentar comprender el porqué del nefasto comienzo de liga de los Spurs que ha hecho saltar todas las alarmas en el álamo. ¡Vamos allá!

De todos es sabido que la actual crisis deportiva por la que atraviesa la franquicia tejana, se inició súbitamente con el maldito pisotón de Kawhi Leonard a Zaza Pachulia, que posteriormente desencadenó en el “Kawhigate”.
La mayor crisis institucional y deportiva que se recuerda en la franquicia, se saldó con Leonard viajando hacia invernalia acompañado de Danny Green. Por ende, en Tejas aterrizaban DeMar DeRozan y Jakob poeltl. Resumiendo: San Antonio perdía al mejor two-way player de la liga, el hombre en el que habían depositado las esperanzas de la franquicia,  además de a los dos mejores defensores que tenían. A cambio llegó un chico con mucha calidad pero con un largo historial de depresiones y desconexiones mentales en momentos complicados, acompañado de un pívot aún por desarrollar, buen “estorbador”, pero tremendamente limitado en ataque.


El resto del roster se mantuvo casi intacto, y, como las desgracias nunca llegan solas, nuestro nuevo proyecto de “chico maravilla”, Dejounte Murray, se lesionaba de gravedad retirándose para todo el año de la competición. En ese preciso instante, en la mente de los aficionados comenzó a rondar la inevitable pregunta de si habría suficientes mimbres como para poder continuar siendo competitivos.
 En la parroquia del Álamo, estamos muy acostumbrados a que nos den por muertos antes de navidad, así que, obviamente, todos nos amparamos en el sagrado mantra spursiano: “In Pops we trust” y no le dimos mayor importancia.  El problema radicó en que a lo largo de esa temporada, hasta los más fanáticos y convencidos, comenzamos a advertir inequívocas señales de que la cosa no iba del todo bien. El equipo había perdido personalidad en la pista, lo que se tradujo principalmente en falta de frescura ofensiva, y lo más preocupante, un bajón descomunal de la contundencia defensiva. Aquel sistema de ajustes tan sumamente eficaz, que combinado con el juego ofensivo coral elevado a la enésima potencia, hicieron a los Spurs asomarse al olimpo del baloncesto, se vio sustituido de golpe y porrazo por un desagradable y doloroso ejercicio de supervivencia, en el que el arma principal era la mente de Popovich.


Foto: Chat Sports
Llegó el verano y con él, la habitual parsimonia mercantil de la gerencia de los Spurs, que lleva muchos años queriendo convertir en sagrado mandamiento el dicho de: “si funciona, no lo toques” El problema es que ya por entonces no funcionaba. Se mantuvo el núcleo de jugadores del año anterior, con la única meta real decretada de arañar la octava plaza de Playoffs. Ahí radica (para mi) el grave error de concepto.
Para un equipo que ha establecido todos los récords de victorias imaginables desde que la NBA existe, el hecho de llegar a Playoffs no puede representar jamás un premio. No puede haber limitaciones de ilusión para una franquicia que no llega a 70 días con récord negativo en 23 años, siendo el siguiente en la lista los Rockets con más de 1000 días. No te puedes permitir ver llegar el declive y no activar algún plan de contingencia, porque eres el equipo que más veces ha ganado a todos los equipos de la NBA en enfrentamientos directos. En definitiva: si ves que tu barco se hunde, no alargas la agonía viendo como el mar lo traga lentamente, le pones una carga explosiva y lo vuelas en 1000 millones de pedazos. Ese verano, todos sabían que el barco tenía muchas vías de agua pero nadie hizo nada, porque creyeron que aún se podía llegar hasta la orilla. Se equivocaron y ahora asistimos a un lento y doloroso proceso de hundimiento. Pero, ¿Por qué se hunde el barco?

- Cuando llegó DeRozan, lo hizo a modo de mal menor por deshacernos de Leonard, pero ni siquiera se planteó la posibilidad de intentar traspasarlo para traer alguien de cierto nivel, pues mucha gente identificó rápidamente el pausado carácter del californiano con la idiosincrasia spursiana. Error. DeRozan es muy majo, pero como decía mi abuela: “No nos va a sacar de pobres” Y es que, aunque siempre fuimos muy de remar a contracorriente con Pops de timonel, juntar a los dos máximos exponentes del Old School Game en plena era de la revolución ofensiva, no pintaba bien. Para que engañarse…

- Tampoco se contempló como opción, sacrificar algunos de los talentos jóvenes del roster (Murray, White, Forbes) para hacer llegar via “trade” un tercer espada que ayudase a Aldridge y DeRozan en la difícil empresa de mantener el proyecto a flote.
- En el puesto 19 del draft, se realiza la controvertida elección de Luka Samanic, dejando pasar a numerosos jugadores de corte físico y/o defensivo, que hubieran complementado mejor el maltrecho roster, aunque bien pensado, para dejarlos que se pudran en la G – League como hacemos habitualmente, casi que da igual.


Foto: Spurstalk.com
-  Dejounte Murray, aunque tiene unas condiciones buenísimas, no tiene el techo a la altura del “ángel salvador” que todos queríamos que fuese, y eso también ha sido un duro golpe en nuestra prolongada y perturbadora búsqueda de un nuevo buque insignia.

– Nada más lejos de mi intención que dudar de los métodos de Gregg Popovich, pero hay que reconocer que este año está haciendo cosas algo extrañas, como por ejemplo, no dar minutos de juego por sistema a Demarre Carroll, uno de los escasos baluartes defensivos con los que contamos. 

- La mala selección de tiro, el escaso acierto del mismo y el inusual volumen de asistencias, son el escueto resumen de la pobre ofensiva de los Spurs, que sobrevive ocasionalmente cuando DeRozan y Aldridge asumen balón y exprimen al máximo su calidad. 


- La defensa ha desaparecido casi totalmente, debido en gran parte a lo que se trata en el último punto. Sólo hay 2 equipos que reciben más puntos que nosotros. Ya sabéis que odio profundamente toda esa matraca de estadísticas avanzadas que domina como nadie mi querido y  admirado Andrés Monje, pero si les echáis un ojo, podréis apreciar las proporciones del desastre defensivo colectivo.

- Por último y, a mi criterio, más importante de todo, está la pérdida total y absoluta de la voluntad de vencer por parte de los jugadores. Por definición, la voluntad de vencer, es el firme propósito de imponerse al adversario en cualquier situación por desfavorable que esta sea e implica fe en el triunfo y una actividad insuperable en la ejecución, así como una acendrada identificación con los ideales del equipo. Una de las consecuencias accesorias a esta perdida, es la ausencia total de ilusión por jugar. Ya no se ven risas como las de antes, ni complicidad ni bromas. Es como si a cada uno de los jugadores le hubiera tocado llevar sobre sus hombros un trozo de la cruz que representa esta debacle y lo hicieran sumidos en una triste penitencia.

Foto: Fan Duel
Sea como fuere, el caso es que el proyecto actual (si es que es un proyecto), no da para más, y no se debe alargar más la agonía. Ni el equipo ni Popovich merecen una temporada así. Toca liarse la manta a la cabeza, ir a por la dinamita y volar el barco en 1000 pedazos para comenzar a construir otro nuevo. Entiendo a los que defendéis la idea de que al bueno de  Popovich en su recta final, no se le puede dar de buenas a primeras un equipo en reconstrucción poco competitivo, pero él más que nadie, debe comprender que los intereses del equipo están por encima de cualquier cosa. Quizas también, no debería ser Popovich quien se encargue de dirigir este nuevo barco, quien sabe…el caso es que  sentar las bases de una reconstrucción eficiente a corto/medio plazo, debe ser nuestra primera prioridad, y para eso hay que tener clara una premisa: NO HAY NADIE IMPRESCINDIBLE

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